La ilumi­n­ación re­quie­re energía. Todos aquel­los que se de­di­can a la ilumi­n­ación – desde el fa­bri­can­te hasta el usua­rio, pa­san­do por el pro­yec­tis­ta – deberían ac­tu­ar re­s­ponsa­ble­men­te con los re­cur­sos li­mita­dos. Ante el pan­ora­ma de los creci­en­tes costes de la energía, la ilumi­n­ación ar­qui­tectónica ha ex­pe­ri­men­ta­do enor­mes pro­g­re­sos en los últi­mos años, y ya ha al­canzado un ele­va­do nivel de efi­ci­en­cia.

Para Ibáñez Arana, el con­fort vi­su­al efi­ci­en­te si­gni­fi­ca con­ti­nu­ar in­cre­mentan­do con­stan­te­men­te tanto la efi­ci­en­cia en­er­gé­ti­ca como la ca­li­dad de la luz, por medio de con­ceptos té­c­ni­cos y de pla­ni­fi­ca­ción in­no­va­do­res.

El ser humano y su percepción son determinantes a la hora de juzgar si una iluminación es eficiente. Independientemente de la eficiencia de una técnica, una luz que deslumbra, reduciendo así la agudeza visual y el bienestar, constituye siempre un derroche de energía. Las pupilas se contraen, y el ojo se ve obligado a adaptarse. En contraste con las fuentes de luz deslumbrantes, incluso las zonas con una iluminancia elevada se perciben como relativamente oscuras. En cambio, una luz antideslumbrante y confortable crea unas condiciones óptimas para la percepción por parte del ojo humano. Permite al proyectista planificar desde el principio de forma energéticamente eficiente, con unas iluminancias bajas y unos contrastes sutiles.

La inversión en calidad de luz resulta rentable tanto económica como ecológicamente: por un lado, una iluminación cuidadosamente planificada e implementada mediante productos de alta calidad es más atractiva para propietarios y usuarios, y por otra parte ahorra costes operativos y de mantenimiento a largo plazo. Las herramientas de iluminación profesionales especializadas desempeñan con gran eficacia su tarea dentro de un concepto de iluminación diferenciado y a menudo sustituyen a varios productos baratos no específicos, relativizando así su precio individual más elevado.

Las lámparas modernas y eficientes reducen no solo la potencia instalada del sistema de iluminación propiamente dicho, sino también la carga calorífica, resultando en una serie de consecuencias positivas, por ejemplo con respecto al dimensionamiento y los costes operativos de instalaciones de climatización y ventilación. Mediante una planificación inteligente y unas herramientas de iluminación de alta calidad se crean soluciones de iluminación que satisfacen todos los criterios estéticos, funcionales y ecológicos manteniendo unos costes operativos bajos.